- 1991
- year of publication
- 214
- pages
- Spanish (Spain)
- language
- Softcover
- cover
- Publisher
- panorama_de_narrativas
- ISBN-13
- 978-84-3391-141-4
- EAN
- 9788433911414
- Publication date
- 1991-03-01
- Book
- El diablo · 3 editions
Casi todo en Tsvietáieva es rememoración. Y, sin embargo, los « recuerdos» de infancia que recoge este libro sólo en parte aceptan el adjetivo « autobiográficos». No es que falten en ellos las fechas o los nombres, pero no parecen escritos después de la niñez, desde el punto de vista del adulto. Hay aquí algo más que la solidaridad y el reconocimiento mutuo de dos momentos vitales: Tsvietáieva no habla de aquella niña, sino que es esta niña, Musía, que se presenta ante nosotros sin disfrazar sus motivos. De ahí, tal vez, el tono afirmativo, a veces insolente, que se adueña de sus relatos, pero también la implacable mirada con que asiste a su propia historia (fielmente, pero sin piedad). Tsvietáieva no mitifica su infancia en el sentido común del término. No la ve como un reino inmanente, más o menos sagrado, y no se regodea sentimentalmente en ella: su infancia no es una infancia perdida. Lo que cuenta de ella ocurre en un entonces concreto y, por así decir, emblemático. Sus relatos muestran un trozo de historia y, a la vez, un trozo de mitología personal: el canto lírico y el piano, que dividen la vida familiar en dos cotos antagónicos... el de la primera esposa del padre y sus hijos, y el de la segunda y los suyos...; la muerte de la madre, Moscú a la vuelta del siglo, el paje de la baraja, las flagelantes, Napoleón, la poesía, el diablo... ¿El diablo? Aunque Tsvietáieva declara: « No diré nada que no haya sucedido», sus biógrafos suelen decir que sus rememoraciones están plagadas de inexactitudes y sucesos inventados. Pero, una vez más, ella misma nos advierte: « Hasta los cuatro años, según testimonio de mi madre, yo decía solo la verdad; después, evidentemente, reaccioné.» ¿Primera muestra de una vocación literaria? Quizá, pero también franca invitación. Aceptémosla y dejemos que caiga sobre nosotros el hechizo de la infancia, pues « no es necesario explicar al niño nada; al niño es necesario hechizarlo», como al lector.


